La estructura básica del automóvil se mantiene casi inalterada desde hace décadas. Esto es, cuatro ruedas de caucho rellenas de aire, frenos por rozamiento, motores de pistones que consumen combustible fósil… es de recibo destacar la llegada de los complejos y eficientes motores híbridos, así como de los eléctricos, pero el resto es igual. Bien, vale, los materiales son mucho mejores y las prestaciones están a otro nivel, pero cualquier motor con, por ejemplo, 50 años, fabricado con materiales actuales y configurado para aprovechar el combustible que tenemos hoy tendría mejores prestaciones y una mayor eficiencia que el original.

Sin embargo, el apartado donde realmente se nota una enorme evolución es el tecnológico. Los últimos lanzamientos ofrecen habitáculos más propios de una nave espacial como las que salen en las películas de Hollywood que de un coche; pantallas por doquier, superficies táctiles en lugar de botones, control por gestos o por voz, interfaces totalmente configurables y, por enumerar otro ejemplo, proyección de datos sobre el parabrisas. Por fuera, cualquier vehículo pasa inadvertido por su ‘continuismo’, pero por dentro abruma por los avances tecnológicos integrados.

Y sólo hemos mencionado lo que puede verse, pero oculto a la vista hay un espectacular conjunto de sistemas que asisten al conductor en casi todo lo que hace. Los coches actuales pueden mantener la velocidad en carretera según indican las señales, además, mantienen la distancia con el vehículo que le precede. También pueden frenar por su cuenta y riesgo al detectar un peatón, un ciclista o cualquier otro objeto/vehículo, vigilan si el conductor se encuentra en plenas facultades o necesita un descanso e incluso controlan lo que ocurre a su alrededor, el tráfico de la ruta elegida en el navegador y hasta la forma de conducir de quien se encuentra al volante para ofrecer consejos sobre eficiencia.

El coche conectado, el paso definitivo hacia el Big Data

Toda esta recopilación de sistemas y funciones, gracias a la conexión a internet, será el siguiente paso en la evolución de la industria del automóvil. Hablamos de la transferencia de datos y el registro de los mismos, el llamado ‘Big Data. A modo de resumen, el Big Data es la recopilación y análisis de los datos generados en internet y que muchas empresas emplean para definir y desarrollar todo tipo de estrategias, tanto comerciales como de producto. El uso de estos datos, procedente de los coches conectados, podría generar, según informó FACONAUTO en su momento, un negocio de hasta 750 millones de dólares, casi 669 millones de euros, en 2030. Una cifra ofrecida por la consultora McKinsey hace unos años.

Es, como hemos comentado, el siguiente paso en la evolución del automóvil. En teoría, este avance será uno de los más importantes de la historia y cambiará por completo la forma de movernos y además, también modificará la demanda y por ende, la oferta. Ya se pueden disfrutar algunos beneficios de mantenerse conectado en todo momento y este beneficio crecerá exponencialmente con el tiempo: coches que se comunican entre sí; coches que hablan con la infraestructura; coches que llaman por sí solos a los servicios de emergencia; y por supuesto, coches que aprenden costumbres y gustos de quien conduce. Esto supone una enorme cantidad de datos, y cuando decimos enorme hablamos de cientos de miles de bytes de información. Unos datos que la industria podría aprovechar en su beneficio y también en el beneficio de los clientes.

Las aseguradoras son un ejemplo a seguir

La industria del automóvil es muy innovadora en apartados de producto, I+D, producción, materiales, automatización de procesos; pero resulta muy tradicional e incluso anticuada en otros sectores. Los fabricantes están acostumbrados a controlar toda la cadena de valor y a no tener que interactuar con el cliente final, obligación que recae sobre las concesiones las cuales, no engañemos a nadie, tampoco han modernizado su forma de trabajar. sin embargo, el Big Data es un punto de inflexión, ya que provee de una serie de datos e información que, tratada como se debe, puede ser un fuerte aliado.

Sobre el uso del Big Data, las compañías de seguros son un ejemplo a seguir. Según el ICEA (asociación investigadora que colabora con las compañías de seguro) y con datos de 2017. el 44% de las aseguradoras españolas han implantado procesos de Big Data. Esther Villar, jefe técnico máxima responsable de Big Data en Direct Seguros, habló sobre ello:

“En el sector de los seguro damos un precio al cliente en función de cuál va a ser el riesgo de tener un siniestro. Hasta ahora hacíamos nuestras previsiones entendiendo como era el cliente, gracias a la información declarada por ellos y por la que obteníamos de fuentes de datos. Con el Big Data empezamos a mirar cómo conduce y cómo se comporta y así podemos hacer mejores predicciones. Hemos conseguido personalizar más la oferta para anticiparnos. Disponemos de mucha información que también es útil para la seguridad en carretera, como aquella relacionada con eventos naturales o meteorología”.

Para el sector de la automoción las ventajas son igualmente enormes. De hecho, los fabricantes llevan explotando esto del Big Data mucho tiempo, pues las cadenas de montaje altamente robotizadas, almacenan datos relacionados con el control de calidad y diferentes procesos, que se aprovechan para prever la durabilidad de los distintos componentes de un vehículo. Si además, esos datos se emplean para crear ‘modelos predictivos’ que anticipasen el desgaste de las piezas, se podría ahorrar hasta un 20% de sus costes de mantenimiento.

Los beneficios del Big Data

Big data y automoción

Eso ha sido un ejemplo a nivel industrial, a nivel de ventas y atención al cliente el potencial es otro y muy interesante. Por ejemplo, el Big Data sería una fuente de información realmente potente para la fidelización de clientes. Gracias a la información relacionada con el estilo de vida o incluso emocional, combinada con la información geográfica y social, se pueden crear una serie de guías que ayuden a conocer cuando se cambiará de coche, que tipo de automóvil será el que busque, que color y qué características demandará cada cliente, permitiendo anticiparse y ofrece una oferta y un contacto personalizado que al mismo tiempo, presentar una inestimable imagen de marca para la concesión al preocuparse por sus clientes y tener preparado toda una serie de ofertas y servicios personalizados.

La postventa es otro apartado que tendrá grandes beneficios, y el motivo es muy simple: cuanto más conoces a tu cliente, más posibilidades de satisfacer sus necesidades y menor será el coste para la concesión. También será posible prever los fallos del coche al estar conectado con el taller, pudiendo adelantarse a la situación. Se estima que los coches conectados podrían generar hasta 5 terabytes de información en tan solo una hora, una cantidad desproporcionada de datos que se podrían emplear para la creación de nuevos servicios, adaptados a las necesidades de los clientes y totalmente personalizables.

El principal escollo del Big Data está en dos puntos importantes: la tecnología necesaria para gestionar todos los datos y la privacidad. El primer apartado requiere tiempo e inversión, pero el segundo es algo de plena actualidad y más complicado de solucionar, provocando la creación de la actual Ley de Protección de Datos. Según algunos expertos en estos menesteres, se debe alcanzar un compromiso entre cesión de datos y obtención de servicios. Los usuarios tienen la sensación de poco control sobre los datos que se manejan sobre ellos y la actitud de muchos plataformas, que llega en ocasiones a rozar el acoso, tampoco ayuda. El usuario necesita conocer qué datos cede y cual es el uso que se dan a esos datos.

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